COMIENDO EN LA OSCURIDAD

Otro de percepciones. O de sensaciones. En un artículo de la revista “Appetite”, un grupo de investigadores de diversas nacionalidades (uno de ellos de la Universidad de Cornell, NY, USA; –suspiros al ver el Stocking Hall en la foto-) presentan los resultados de un estudio en el que han constatado los efectos de las referencias visuales sobre la saciedad cuando se está comiendo.

Para ello, a 64 sujetos se les sirvió la comida en un restaurante totalmente a oscuras. De esos 64, a la mitad (32) se les dieron raciones considerablemente mayores, lo que les condujo a consumir un 36% más de alimento. A pesar de ello, el apetito de los participantes a la hora de tomar el postre y la sensación subjetiva de saciedad no fueron afectados marcadamente por la cantidad que habían consumido. En esa misma línea, los participantes en el experimento fueron mucho menos precisos a la hora de estimar la cantidad que habían comido realmente, que los de un grupo control, que comieron con luz.

Vamos, que en la oscuridad, la gente tiende a comer más, a no controlar lo que come, un poco en contra del refrán de “se llena el papo antes que el ojo”. Es decir, que las referencias visuales nos sirven también para controlar lo que hemos comido y para no pasarnos de la raya. Los autores concluyen que: “Si no se dispone de un fácil acceso a referencia visuales, por ejemplo, cuando se está viendo la televisión con una luz tenue, la gente puede estimar de manera incorrecta cuánto está comiendo”. O sea, que en el cine, ni te cuento. Y si uno quiere que en su restaurante los clientes coman más, luz tenue y distracciones visuales (no me imagino cuánto podrá llegar a comer uno en un local de striptease).

El cuadro es “Sombras y tinieblas, la tarde del Diluvio” del amigo Turner.

Y la canción del vídeo, “Us and them”  del album “The dark side of the moon“, de Pink Floyd (más suspiros).

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