SOLO PENSAR EN CORRER ME DA UN HAMBRE…

Parece que casi todo el mundo tiene claro que hacer deporte es sano (depende de la intensidad, del deporte, de la edad…). Más aún, parece que si uno quiere mantenerse en su peso, la actividad física es un pilar importante. Sin duda. No obstante, creo que a mí hacer deporte me supone más ingesta que gasto de calorías. Me explico. Después de darme una paliza en bicicleta el domingo por la mañana, o llegar extenuado del gimnasio, mi cerebro me da barra libre, y como a destajo sin control ni cargo de conciencia alguno. Como con hambre y casi con ansiedad, pero sin cortapisas, porque calculo (más bien quiero creer) que he gastado mucho más de lo que estoy comiendo.

Pues bien, parece que no soy un bicho raro (bueno, o al menos no por esto). En un estudio publicado en la revista “Appetite” se pone de manifiesto que, efectivamente, el ejercicio parece derruir nuestra contención a comer como una ola deshace un castillo de arena. El título es elocuente: “Just thinking about exercise makes me serve more food. Physical activity and calorie compensation” (“Solo con pensar en el ejercicio me sirvo más comida. Actividad física y compensación calórica”).

En el estudio se constató que el simple hecho de pensar en realizar una actividad física condujo a los participantes a compensar (ese gasto calórico no real, sino imaginado) sirviéndose una mayor cantidad de aperitivos, de tal manera la cantidad de snacks que cada sujeto se servía estaba relacionada con la sensación subjetiva de las calorías consumidas. Es más, en el estudio se contempló también la influencia que la percepción subjetiva del ejercicio, como extenuante o como divertido, tenía sobre el consumo calórico, mostrándose una tendencia a un mayor consumo de calorías cuando uno había imaginado un ejercicio menos divertido  y más extenuante (aunque implicase el mismo gasto calórico).

La introducción del artículo (lo siento, solo disponible para los que tengan acceso) resume estudios en los que parece quedar claro que el ejercicio intenso nos hace indulgentes con la cantidad de comida que comemos, mucho más allá de la energía que hemos gastado. Pero el estudio en cuestión va más allá. En este caso, enmascarado en un test sobre hábitos de compra, a los participantes se les hacía pensar sobre distintos tipos de ejercicio (un grupo control, a los que no se les hacía referencia al ejercicio, otro grupo, a los que se les pedía que describiesen un paseo escuchando música, y un grupo a los que se les pedía describir o imaginar el mismo paseo pero sin pensar en la música, sino solo en el ejercicio). Posteriormente se les daba como premio por haber participado en el test la opción de servirse unos snacks, que eran posteriormente pesados y cuantificados calóricamente. Pues bien, los que imaginaban sobre un ejercicio extenuante se servían mayor cantidad de snacks que los que no hablaban de realizar ejercicio, y tendían a servirse algo más que los que hablaban del paseo oyendo música.

Vamos, lo que yo llevo sintiendo toda la vida: me estoy poniendo como el quico de comer hoy, pero no pasa nada, que mañana he quedado para salir con la bici… ¡Qué indulgentes somos siempre con nosotros mismos!

Por cierto (y aunque no tenga nada que ver), un artículo de este mismo número de la revista lleva el precioso título de ““Watching a person who knows how to cook, you’ll learn a lot”. Linked lives, cultural transmission, and the food choices of Puerto Rican girls” (“Si observas a una persona que sabe cocinar aprenderás un montón. Vidas enlazadas, transmisión cultural y elección de alimentos en chicas puertorriqueñas”). Habrá que leerlo.

El cuadro es “El Angelus” de Millet. Hoy me he enterado (inculto que es uno) que al estudiar el cuadro con rayos X se pudo observar que donde aparece el cesto de fruta había pintado un niño muerto. Parece ser que, una vez acabado el cuadro, al autor le recomendaron que lo hiciera menos lúgubre, y dibujó encima el cesto que aparece ahora.



4 thoughts on “SOLO PENSAR EN CORRER ME DA UN HAMBRE…

  1. con respecto al cuadro es verdaa lo que decir.salvador Dali tiene un excelente libro sobre este tema, porque a el lo obseciono muchisimo el niño muerto.

  2. En el libro “La cocina de la salud” se habla de muchos casos curiosos en la misma línea. Por ejemplo, de como el tamaño del plato o el vaso pueden influir en la percepción que tenemos sobre lo que hemos comido o bebido. La verdad es que no nos damos cuenta y nos engañamos a nosotros mismos muy a menudo, aunque sí es en cuestión de comida a mí ya me va bien llevar asociadas ignorancia y felicidad.

  3. Gracias por los comentarios.

    Miriam, a mí más que curiosa (que lo es) la conclusión me ha resultado familiar (porque me identifico mucho con ella).

    Guillermo, yo también había escuchado lo de la obsesión de Dalí con este cuadro. Creo que lo pintó un montón de veces, sin saber que en realidad había un niño debajo. Después, una vez lo supo, dijo que a él siempre la había recordado a su hermano muerto.

    Betty, gracias por la información. Es cierto que se puede jugar de muy distintas maneras con nuestra percepción de cuánto hemos comido. A veces es mejor estar en la inopia y ser feliz, aunque después viene el bañador, el aspecto, el colesterol elevado…

    Saludos

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