¿AUMENTA EL APETITO CON EL ALCOHOL?

Así a bote pronto, a esta pregunta contestaría que sin duda sí, o por lo menos que a mí sí. Pero obviamente esta  es una respuesta poco científica. Cuando bebo vino o tomo cañas como más, pero claro, en la mayoría de las ocasiones eso va ligado a un acto social (con los amigos, tomando pinchos). ¿Comería lo mismo tomándome una vaso de agua? Confieso que no lo he probado nunca. Pero hay unos cuantos grupos de investigación que sí lo han investigado de una manera científica, es decir, con un diseño experimental adecuado, repitiéndolo un número suficiente de veces y con el número adecuado de sujetos, analizando los datos con las herramientas estadísticas adecuadas y discutiendo los resultados considerando conocimientos previos (también obtenidos científicamente). Son trabajos curiosos, en los que seguramente todos quieren pertenecer al grupo de los que les toca el vino o la cerveza:

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LAS MUJERES TIENEN MÁS PROBLEMAS PARA RESISTIRSE A LA TENTACIÓN…

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…al menos cuando se trata de sus comidas favoritas. Eso es lo que parece desprenderse de un estudio publicado en la prestigiosa revista “Proceedings of the National Academy of Science”, llevado a cabo por unos investigadores de la Universidad de Oregón. Los autores preguntaron a 13 hombres y 10 mujeres una serie de cuestiones para conocer sus alimentos favoritos. Después se les pidió que estuvieran en ayuno hasta el día siguiente (no sé si esta crueldad cumple con los requisitos mínimos de experimentación animal). Al día siguiente se les sometió a un escáner cerebral mientras se les enseñaban imágenes de sus comidas. Durante la realización del escáner del cerebro, se les pidió a los participantes que emplearan una técnica denominada inhibición cognitiva (que previamente habían aprendido) para eliminar los pensamientos relacionados con el hambre y la comida (y me pregunto yo, dónde me podrían enseñar esta técnica, porque mi jamón y mi queso de Idiazábal están pidiendo a gritos que haga una máster avanzado y me convierta en un prestigioso usuario de la misma).

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COMER, COMER, COMER

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Tres estudios interesantes. Por jerarquía:
1.- Publicado en Science (todos en pie): parece que comer demasiado podría estar ligado a una menor facilidad para obtener placer al alimentarse. Además, estos investigadores han hallado una predisposición genética a tener esa menor capacidad de sentir satisfacción comiendo. A una serie de mujeres (obesas y no obesas) las daban batido de chocolate mientras que les tomaban imágenes de resonancia magnética para medir la actividad cerebral. Las mujeres obesas presentaban una menor actividad en las áreas implicadas en las sensaciones de placer que los sujetos con peso normal (de paso me pregunto si esto de medir el placer mediante la actividad en diferentes áreas lo habrán probado con otro tipo de actos placenteros).
2.-

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ESTADO DE ÁNIMO

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Leyendo la introducción de un trabajo, algunas veces se entera uno de cosas bien interesantes. Hoy me ha llamdo la atención el título de este artículo “Negative emotional state shortens the duration of the chewing sequence” (Un estado emocional negativo reduce la duración de la secuencia de masticación), y me he puesto a leerlo. En la introducción he descubierto frases tan curiosas (aunque seguro que todos las hubiéramos firmado) como estas:
.-Se ha visto que la duración de las comidas es mayor en estados de ánimo positivos o negativos que en un estado de ánimo neutro (y me pregunto yo, ¿qué coño es un estado de ánimo neutro?), y que se consume una mayor cantidad de alimento en un estado de ánimo positivo que negativo (Patel & Schlundt, 2001).
.-Las personas en un estado emocional positivo prefieren alimentos sanos, mientras que los que están en un estado de ánimo negativo prefieren comida “basura” (Lyman, 1982).
.-En un estudio llevado a cabo por Macht (1999) los sujetos en estudio afirmaban sentir mucha más hambre cuando estaban enfadados o cuando expresaban alegría que cuando estaban asustados o tristes. Un estado de enfado induce un comportamiento impulsivo en el consumo de alimentos, en el que la comida se consume rápidamente y sin preocupación por elegir. En un estado de ánimo alegre, la comida se elige teniendo en cuenta su valor hedónico y sus propiedades sensoriales o sobre la salud.
Y de cada uno de esos trabajos salen más frases atractivas… vamos, un no acabar.
El grabado es “Cubic Space Division” de Escher.

MÁS ATRASOS

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Algunas noticias interesantes que se me han ido quedando en el tintero:
.-Investigadores de la Universidad de Purdue (muy buena) han publicado en el British Journal of Nutrition (mu bueno too) que la hora a la que se ingieren las proteínas tiene mucho que ver con la sensación de repleción a lo largo del día. En este estudio pudo comprobarse que las personas que desayunan alimentos ricos en proteínas de alto valor biológico (como huevos o beicon) tienen una mayor sensación de saciedad durante todo el día, comparados con los que ingieren más proteínas en la comida o en la cena. La consecuencia sería que estas personas (las que desayunan huevos) al final acabarían ingiriendo menos calorías, por esa sensación de repleción. Y yo que me desayuno un café con dos galletas…
.-Otros, de la Universidad de South Carolina, han publicado un artículo en The American Physiological Society, en el que apuntan a un efecto protector de la quercetina sobre el padecimiento de la gripe (el estudio era en ratones). La quercetina es un efectivo antioxidante, presente en alimentos como uvas, arándanos, té, brócoli y (redoble de tambor) ¡¡el vino -tinto-!!. Así que, a lo mejor, lo de “al catarro con el jarro” no va tan desencaminado. Me ha resultado curioso en este estudio que para inducir mayores tasas de incidencia de gripe en los ratones, los tenían todo el día haciendo ejercicio. Y yo que creía que lo de salir a correr me mantenía sano.
.-En un estudio conjunto de americanos y canadienses publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences, se aventura que niveles legales de Bisfenol A, un compuesto químico presente en los recipientes hechos de policarbonato (un plástico muy común, en biberones, envases alimentarios, latas…), podrían causar una disminución de las conexiones entre células cerebrales en primates y podría conducir a pérdidas de memoria y dificultades de aprendizaje, así como a depresión. Basándose en estos resultados, los investigadores en cuestión solicitan que se reduzcan los límites admitidos de este compuesto (bisfenol A) en alimentos. Hay que decir que el modelo utilizado, aunque válido, no es exactamente real. Lo que hacían era someter a los monos a un tratamiento hormonal que se sabe que aumenta la formación de circuitos neuronales, y a la vez se les daban determinadas dosis de bisfenol A. En los que tomaban más de este compuesto, no se producía la formación esperada de esos circuitos.
El cuadro (grabado) es “Three worlds”, de Escher.