ATRASOS (POR OBRA)

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Durante estas semanas en las que me veo inmerso en una obra de considerables proporciones, lo cual me tiene gran parte del tiempo libre sin red, han aparecido una serie de artículos interesantes en el campo de la nutrición-alimentación, que se vienen repitiendo en muchas agencias de prensa científicas (y otros que no se repiten tanto pero que a mi me han resultado curiosos o preocupantes).

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AUMENTANDO LA VIDA ÚTIL DE ALGUNAS FRUTAS (McGee)

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En el último post del blog de Harold McGee (a partir de su última columna en el New York Times), se describe un procedimiento sencillo y útil para evitar el deterioro de frutas del bosque (concretamente arándanos) por mohos. Este tipo de frutas exhibe sobre su superficie un rápido desarrollo de mohos debido, en primer lugar, a que las esporas de mohos son ubicuas (vamos, que están en todas partes), y en segundo lugar, a la humedad propia de la superficie de las frutas, que las convierte en un excelente medio para el desarrollo de los susodichos mohos. A pesar de mantenerlas a refrigeración, y eso que el frío enlentece mucho el desarrollo de los mohos, la presencia evidente de estos microorganismos y el deterioro suele aparecer en menos de 24 horas. ¿Qué hacer?

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ARÁNDANOS PARA CISTITIS

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De vez en cuando, uno encuentra estudios por ahí (a veces reflexiono sobre la cantidad de investigaciones que se llevan a cabo a diario sobre diferentes cosas, y no me explico cómo no se avanza más deprisa; otras veces no me explico cómo se consigue avanzar tan deprisa, con lo difícil que es cada pasito que uno da; ya veis, el calor derrite los sesos) en los que se explica algo que entra dentro de la sabiduría popular, de los ritos y tradiciones que han desarrollado la casualidad y el empirismo. Y de vez en cuando (la mayoría en mi caso), el estudio en cuestión tiene que ver con los alimentos. Hoy he encontrado este estudio, en el que se esclarecen algunas propiedades del zumo de arándano que explican sus implicaciones beneficiosas en las infecciones del tracto urinario. Desde hace mucho tiempo se decía que el arándano resultaba muy beneficioso en el tratamiento de algunas infecciones del aparato urinario (e incluso los libros de medicina lo recomendaban), pero las razones que se aducían para explicar este efecto eran un tanto erráticas: que si el bajo pH (hay frutos con un pH más bajo), que si sustancias con actividad antimicrobiana… Ahora parece que un equipo del Instituto Politécnico de Worcester ha encontrado que el jugo de arándano provee a las células epiteliales urinarias de una barrera energética que disminuye enormemente la penetración de las bacterias en estas células. Es más, parece que el jugo de esta fruta disminuye la movilidad de los cilios de las bacterias, impidiendo la penetración en las células.
La gran (y agradable) sorpresa me la he llevado al final, al darme cuenta que entre los firmantes del artículo está un miembro de mi Universidad: Amparo M. Gallardo-Moreno, del Departamento de Física Aplicada.
El cuadro (y así cambia la imagen que uno tiene al entrar en lamaragrita, que la de la semana pasada ha generado algunos conatos de protestas, y no me refiero a las vellosas de mascarpone) es “Conejo desollado”, de Antonio López.