CAFÉ CON CIENCIA

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Es una de las bebidas más consumidas en todo el mundo. Placer de muchos, casi medicina para otros. Pero existen muchas maneras diferentes de prepararlo, un buen puñado de variables que pueden dar lugar a elixires de una exquisitez sublime o a mejunjes que poco tienen que envidiarle al agua de lavar los platos. Cafeteras a vapor, de presión, italianas, de filtro… Aguas más duras y más blandas. Variedad robusta o arábica. Tostado, torrefactado, natural. Con esa espumita por encima que caracteriza a los hechos en Italia o en Portugal o casi transparente, como lo que ingerimos a litros a diario por aquí arriba.

Si el tema es complejo, es interesante. Y si encima está bueno, más. Ya le dediqué al café un par de entradas, en las que se abordaba cómo podía afectar el tipo de agua a la calidad final del café, o cómo la sal se ha empleado históricamente como truco para rebajar el sabor amargo del mismo. Ahora he encontrado un trabajo publicado en el European Food Research and Technology (además de acceso abierto) que aborda una comparación de métodos de extracción para hacer el café, un tema de discusión constante entre los baristas y aficionados. Los métodos de extracción que se compararon fueron: Continue reading

ENCADENADOS

Al igual que en páginas de web de otro tipo, cuando uno lee artículos científicos en la red tiene (si dispone de tiempo) la irresistible tentación de ir enlazando los artículos a los que se hace mención. Empiezas con uno sobre los antioxidantes en el café, sigues con una referencia a los compuestos sápidos en esa bebida, enlazas con otro sobre la percepción del sabor amargo, y puedes acabar en uno de péptidos amargos en queso parmesano. Esta posibilidad es muy sencilla y adictiva en la página de Elsevier (Sciencedirect), en la que se ofrece un menú de artículos relacionados con el tema del que estás leyendo.

Ayer encadené una serie curiosa. Continue reading

DOS DE CAFÉ Y UNA AMARGA

Según publican unos investigadores en el “PLoS Genetics“, el que nos guste más o menos el café está en parte determinado por nuestra genética. Algo así como el “no puedo evitarlo”. Parece que se sabía ya que ese gusto por el café era en parte heredado, mediante estudios realizado con gemelos. Ahora lo que se ha visto es que determinados genes implicados en la codificación de enzimas que permiten metabolizar la cafeína en el hígado podrían ser los responsables de esa preferencia.

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¿DEMASIADO TARDE?

Veo en una página de web sobre noticias acerca de la nutrición (no muy fiable por cierto: venden suplementos sospechosos, les gustan los titulares llamativos y no suelen citar todas las fuentes para sus afirmaciones), que una lista de efectos negativos del café sobre la salud viene encabezada por “Pérdida de pelo” ¡La gallina! ¿Por qué no me avisaron antes? Tendrá algo que ver entonces mi afición al negro manjar (aumentada cuando era estudiante y me pasaba meses durmiendo 4 horas a basé de tazones de café negro) con mi temprana pérdida de la cobertura capilar (vulgo calvicie galopante).

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POPURRÍ VERANIEGO

Parece que el calor afloja un poco (no hay que confiarse), y aprovecho para esta breve selección de noticias que he visto por la red últimamente:

.- En un meta análisis (un estudio en el que se toman datos de muchos estudios previos conjuntamente) publicado en el BMC Medicine1–es open access, es decir, el artículo está enterito y vero-, unos autores australianos concluyen que el consumo de chocolate negro reduce la presión arterial (ya hemos dicho cosas del chocolate por aquí). Parece que el efecto de reducción es más bien bajo, y solamente en personas con la presión elevada. Cuando se ponen a dar cifras a mi no me parece tan modesto: comparable al efecto (sobre la tensión) de hacer 30 min de ejercicio y reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular un 20%.

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  1. BMC Medicine 2010, 8:39 []