SOLO PENSAR EN CORRER ME DA UN HAMBRE…

Parece que casi todo el mundo tiene claro que hacer deporte es sano (depende de la intensidad, del deporte, de la edad…). Más aún, parece que si uno quiere mantenerse en su peso, la actividad física es un pilar importante. Sin duda. No obstante, creo que a mí hacer deporte me supone más ingesta que gasto de calorías. Me explico. Después de darme una paliza en bicicleta el domingo por la mañana, o llegar extenuado del gimnasio, mi cerebro me da barra libre, y como a destajo sin control ni cargo de conciencia alguno. Como con hambre y casi con ansiedad, pero sin cortapisas, porque calculo (más bien quiero creer) que he gastado mucho más de lo que estoy comiendo.

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ESCOGEMOS MEJOR PARA NOSOTROS. O TAL VEZ NO.

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Me gustan mucho los estudios que intentan elucidar cómo elegimos, qué cosas nos gustan. Y eso que en la mayoría de los casos lo que se intuyen son tendencias y patrones, y raramente (o nunca) se puede llegar a aseverar categóricamente sobre estos temas. Hay varias revistas centradas en este tipo de estudios, ya que el interés de la industria en saber qué nos hace comer más o menos o qué factores inciden en nuestra compra, es enorme. Pero estas investigaciones sirven también para mejorar la dieta, para conocer en qué factores se puede incidir para que la población en general coma mejor.
No había entrado nunca en el Journal of Consumer Research, ni siquiera tengo ahora mismo idea de si se trata de una revista de prestigio o no, pero desde luego los estudios que publican son interesantes y divertidos (en el sentido más positivo de la palabra). Por ejemplo, me ha llamado la atención un artículo (de nuevo, en un tiempo dejará de funcionar el enlace, porque ahora se trata de un avance de publicación) en el que un investigador de la Universidad de Miami parece haber identificado que la actitud a la hora de comprar alimentos para uno mismo y para los demás es diferente. Según este estudio, cuando uno compra para sí mismo tiende a tener en mente consideraciones sobre las implicaciones de los diferentes alimentos sobre la salud, y con frecuencia elige alimentos que considera que le van a venir mejor, mientras que cuando compra para los demás, lo que prevalece es que lo elegido vaya a satisfacer los sentidos de la persona para la que se compra.

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NATURAL COMO LA VIDA MISMA

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¿Qué entienden los consumidores por natural? Es una pregunta que hago con frecuencia: ¿qué es natural? Creo que no me equivoco mucho si considero que la respuesta tiene una carga de subjetividad importante. Muchos productos artesanales, con un procesado laborioso y prolongado, incluyendo la adición intencionada de aditivos, son visto como naturales por muchos consumidores (sin ir más lejos, el jamón Ibérico), mientras que otros, por llevar unas cuantas E- en su etiqueta o por ser elaborados por empresas multinacionales, pueden no ser más que carne picada y congelada, pero son vistos como artificiales y (por supuesto) nefastos.
Pues bien, en un reciente estudio de un grupo de investigadores australianos…

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EXPECTATIVAS Y SORPRESA EN UNA COMIDA DE GASTRONOMÍA MOLECULAR

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A pesar de lo desacertado del título (no quiero resultar pesado, pero el término Gastronomía Molecular hace referencia a la ciencia que estudia, no a la manera de cocinar), este trabajo publicado en la revista Food Quality and Preference, es muy curioso e interesante. Básicamente la cosa consistió en estudiar el efecto de la presentación verbal del plato sobre las percepciones posteriores de los comensales.

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¿DEPENDE LO QUE COMES DE LA PERSONA CON LA QUE COMES?

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Seguramente cada uno es como es, pero con estudios como este, publicado en la revista “Appetite” se perciben tendencias generales sobre el comportamiento en el ámbito del comer. En este caso, se estudiaron casi 500 individuos divididos en unos 200 grupos, y se observaron sus tendencias a la hora de elegir comida cuando acudían a comer a la cafetería de la universidad. Los sujetos en cuestión podían elegir libremente lo que querían en el buffet de la cafetería. Tal vez el resultado más curioso fue que las chicas comieron una cantidad significativamente menor de calorías cuando la pareja con la que iban a comer era un chico. Y en ese mismo sentido, si la comida era en grupo, el número total de calorías que contenía la comida que pedían conjuntamente las chicas estaba inversamente relacionado con el número de chicos en el grupo. En cambio, lo que comían los chicos no se vio afectado por la presencia o ausencia de chicas en el grupo.
En estudios previos ya se había detectado que se come más en compañía de grupos numerosos (deCastro, 1997, British J Nutrition, 77, S39) (algo que todos intuimos, creo yo), e incluso se ha observado que en el caso de las mujeres, si la persona del sexo contrario con la que comparte comida es atractiva socialmente (no sé my bien cómo definirlo) el consumo es aún menor (Pliner & Chaiken, 1990, J Experimental Social Psychology, 26, 240)
Con todo ello se me ocurre que tal vez para ponerse a régimen podría ser efectivo un grupo de camareros de buen ver haciendo compañía mientras se come.
El cuadro es “In copula” de Klee.
PD: lamarga cierra una par de semanas por vacaciones.