SI ES SANO, TE PUEDES APIPAR

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Esta viene a ser la traducción del título de un trabajo publicado en la revista Appetite de hace ya unos meses (Volume 52, Issue 2, April 2009, Pages 340-344). Y refleja algo que se percibe en la población en general; hay muchos ejemplos en los que se emplea la excusa del carácter saludable del alimento para justificar su ingesta a niveles excesivos, pero tal vez el más flagrante es el caso del aceite de oliva. Está más que demostrado que tanto el perfil de ácidos grasos como su riqueza en determinados compuestos antioxidantes, hacen del aceite de oliva (seguramente) la más adecuada de las grasas comestibles para nuestra salud. Y de que todos lo sepamos se han encargado tanto las autoridades sanitarias como las empresas productoras. Pero muchos consumidores adoptan la máxima de “si es bueno, cuanto más, mejor”, y no se cortan en añadir aceite a las tostadas, las ensaladas, los guisos… Y al fin y al cabo no deja de ser grasa, y su consumo debe mantenerse en unos márgenes adecuados.

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LAS MUJERES TIENEN MÁS PROBLEMAS PARA RESISTIRSE A LA TENTACIÓN…

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…al menos cuando se trata de sus comidas favoritas. Eso es lo que parece desprenderse de un estudio publicado en la prestigiosa revista “Proceedings of the National Academy of Science”, llevado a cabo por unos investigadores de la Universidad de Oregón. Los autores preguntaron a 13 hombres y 10 mujeres una serie de cuestiones para conocer sus alimentos favoritos. Después se les pidió que estuvieran en ayuno hasta el día siguiente (no sé si esta crueldad cumple con los requisitos mínimos de experimentación animal). Al día siguiente se les sometió a un escáner cerebral mientras se les enseñaban imágenes de sus comidas. Durante la realización del escáner del cerebro, se les pidió a los participantes que emplearan una técnica denominada inhibición cognitiva (que previamente habían aprendido) para eliminar los pensamientos relacionados con el hambre y la comida (y me pregunto yo, dónde me podrían enseñar esta técnica, porque mi jamón y mi queso de Idiazábal están pidiendo a gritos que haga una máster avanzado y me convierta en un prestigioso usuario de la misma).

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7 FACTORES QUE NOS HACEN COMER MÁS

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Enredando un poco más en la revista Time, he encontrado esta impactante serie de fotografías que ilustran siete maneras que emplea nuestro cuerpo para pedirnos más (más comida, se entiende; aunque para algunas otras cosas placenteras los mecanismos fisiológicos son similares…). Traduzco/comento un poco cada uno de los factores:
1.-(el briquidans…;)) La hora del día. Somos como un reloj, cuando llega la hora de comer, aunque no tengamos necesidad, nos entra hambre. Recuerdo después de estar viviendo en Dinamarca, donde comían a las 12:30, al regresar a España tenía un hambre loca a esa hora.
2.-El aspecto (la visión). Al comparar las imágenes de resonancia magnética del cerebro de personas que están viendo comida que les gusta o que no les gusta, se pueden apreciar notables diferencias. Vamos, que al ver el plato ya la boca se nos hace agua, el organismo se anticipa a la comida que va a ingerir. Por cierto, la imagen que ponen en Time para este factor, de apetitosa tiene lo que yo te diga: los huevos parecen más bien secos, los filetes de sajonia , pues eso, y el pan… ¡Ay los americanos!

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ADICCIÓN A LAS CALORÍAS

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Se sabe ya de hace tiempo que la percepción de sabor dulce produce una liberación de dopamina, un neurotransmisor que provoca una sensación de placer (y si no que se lo pregunten a algunos; por cierto, otros debemos tener esa vía oxidada: a mi lo dulce me deja frío). Esa sensación lleva a “engancharse” al sabor, como si se tratará de una droga (la dopamina juega un papel similar en otras adicciones: sexo, juego…). Ahora unos investigadores de la Universidad de Duke, USA (buen equipo de basket) han publicado un estudio en la revista Neuron (no pongo ya lo de prestigiosa que se me va a gastar, pero lo es y mucho) en el que apuntan a que es el contenido calórico y no el sabor dulce el que provoca esa secrección de dopamina (y por lo tanto el “enganche” a ese alimento). Lo han llevado a cabo con unos ratones transgénicos que no tiene receptores para el sabor dulce: al final elegían siempre el biberón con la disolución de glucosa, aunque ellos no eran capaces de percibir su sabor. En cambio, no mostraban preferencia alguna por beber de un biberon con una disolución de sucralosa (dulce pero sin calorías). Cada uno que saque sus consecuencias, pero estas cosas son difíciles de extrapolar a casos reales de la vida real.
El cuadro es de Sorolla: “¡Al agua!”

¿COMO UNA O TRES VECES AL DÍA?

imageYo soy un poco cabezón y un poco bruto (los que me conocen se preguntarán porque introduzco el término “poco” en estas frases). Cuando quiero perder peso lo hago a las bravas, saltándome a la torera muchas de las recomendaciones que sé adecuadas. Una de ellas es la del número de comidas: sencillamente dejo de cenar. Bueno, todos sabemos que es mejor comer poco varias veces al día que mucho de una sola vez. Pero a pesar de que todos lo sabíamos, no había constatación científica de los efectos de comer una o tres veces al día. Bueno, en dos estudios que se han publicado en las prestigiosas revistas “American Journal of Clinical Nutrition” y “Metabolism“, por un grupo de la Universidad de Maryland, se estudiaban dos grupos de voluntarios, unos comían tres veces al día y otros una sola vez (a estos les pagarían más, digo yo). En estos estudios se ha constatado que comiendo una sola vez al día en vez de tres veces, aumentan los niveles de colesterol plasmático, los niveles de LDL (las lipoproteínas de baja densidad que transportan el colesterol, el popularmente conocido como colesterol “malo”) y la presión sanguínea. Es más, comiendo una vez al día también aumentaron los niveles de azúcar en sangre la mañana después de ayunar, se produjeron aumentos más elevados y sostenidos de azúcar en sangre y reacciones retardadas de la insulina. No obstante, los que comieron una sola vez perdieron peso y grasa corporal con respecto a los que comieron tres veces (es decir, que yo tenía razón, para perder peso era efectivo; otra cosa es que tenga más posibilidades de tener un infarto o diabetes, pero ¿a quién le importan esas pequeñeces?).
El dibujo es de Vija Celmins (sin título).