¿DEPENDE LO QUE COMES DE LA PERSONA CON LA QUE COMES?

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Seguramente cada uno es como es, pero con estudios como este, publicado en la revista “Appetite” se perciben tendencias generales sobre el comportamiento en el ámbito del comer. En este caso, se estudiaron casi 500 individuos divididos en unos 200 grupos, y se observaron sus tendencias a la hora de elegir comida cuando acudían a comer a la cafetería de la universidad. Los sujetos en cuestión podían elegir libremente lo que querían en el buffet de la cafetería. Tal vez el resultado más curioso fue que las chicas comieron una cantidad significativamente menor de calorías cuando la pareja con la que iban a comer era un chico. Y en ese mismo sentido, si la comida era en grupo, el número total de calorías que contenía la comida que pedían conjuntamente las chicas estaba inversamente relacionado con el número de chicos en el grupo. En cambio, lo que comían los chicos no se vio afectado por la presencia o ausencia de chicas en el grupo.
En estudios previos ya se había detectado que se come más en compañía de grupos numerosos (deCastro, 1997, British J Nutrition, 77, S39) (algo que todos intuimos, creo yo), e incluso se ha observado que en el caso de las mujeres, si la persona del sexo contrario con la que comparte comida es atractiva socialmente (no sé my bien cómo definirlo) el consumo es aún menor (Pliner & Chaiken, 1990, J Experimental Social Psychology, 26, 240)
Con todo ello se me ocurre que tal vez para ponerse a régimen podría ser efectivo un grupo de camareros de buen ver haciendo compañía mientras se come.
El cuadro es “In copula” de Klee.
PD: lamarga cierra una par de semanas por vacaciones.

COMER, COMER, COMER

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Tres estudios interesantes. Por jerarquía:
1.- Publicado en Science (todos en pie): parece que comer demasiado podría estar ligado a una menor facilidad para obtener placer al alimentarse. Además, estos investigadores han hallado una predisposición genética a tener esa menor capacidad de sentir satisfacción comiendo. A una serie de mujeres (obesas y no obesas) las daban batido de chocolate mientras que les tomaban imágenes de resonancia magnética para medir la actividad cerebral. Las mujeres obesas presentaban una menor actividad en las áreas implicadas en las sensaciones de placer que los sujetos con peso normal (de paso me pregunto si esto de medir el placer mediante la actividad en diferentes áreas lo habrán probado con otro tipo de actos placenteros).
2.-

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ESTADO DE ÁNIMO

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Leyendo la introducción de un trabajo, algunas veces se entera uno de cosas bien interesantes. Hoy me ha llamdo la atención el título de este artículo “Negative emotional state shortens the duration of the chewing sequence” (Un estado emocional negativo reduce la duración de la secuencia de masticación), y me he puesto a leerlo. En la introducción he descubierto frases tan curiosas (aunque seguro que todos las hubiéramos firmado) como estas:
.-Se ha visto que la duración de las comidas es mayor en estados de ánimo positivos o negativos que en un estado de ánimo neutro (y me pregunto yo, ¿qué coño es un estado de ánimo neutro?), y que se consume una mayor cantidad de alimento en un estado de ánimo positivo que negativo (Patel & Schlundt, 2001).
.-Las personas en un estado emocional positivo prefieren alimentos sanos, mientras que los que están en un estado de ánimo negativo prefieren comida “basura” (Lyman, 1982).
.-En un estudio llevado a cabo por Macht (1999) los sujetos en estudio afirmaban sentir mucha más hambre cuando estaban enfadados o cuando expresaban alegría que cuando estaban asustados o tristes. Un estado de enfado induce un comportamiento impulsivo en el consumo de alimentos, en el que la comida se consume rápidamente y sin preocupación por elegir. En un estado de ánimo alegre, la comida se elige teniendo en cuenta su valor hedónico y sus propiedades sensoriales o sobre la salud.
Y de cada uno de esos trabajos salen más frases atractivas… vamos, un no acabar.
El grabado es “Cubic Space Division” de Escher.