INDIGNADO

Hoy en día este estado de ánimo caracteriza a muchos españolitos de a pie, por multitud de variopintas razones. Lo cierto es que uno tiene causas para estar en casi permanente estado de indignación, pero eso cansa, y procura correr un tupido velo, para poder disfrutar (carpe diem) sin amarguras. Pero siempre hay un tema específico, algo que le llega a uno a la fibra sensible, y mire usted por dónde una señora médica ha dado en mi clavo.

La señora, doña Lalanda, tiene un blog  sobre asuntos médicos y sanitarios. Es sarcástica, ocurrente, un poco ácida, segura de sí mismo, de opiniones tajantes; vamos, que está en posesión de la verdad. Y mire usted por donde, en su afán de repartir justicia en el mundo, dio con el tema de la celiaquía: en un bochornoso artículo criticaba (con sorna) el hecho de que en la cabalgata de reyes se repartiesen caramelos sin gluten. Porque, puestos a atender a esa minoría de niños celiacos, ¿por qué no atender a todas las minorías? En su argumentación, mezclaba personas con esa enfermedad (que no pueden elegir) con otras que simplemente han elegido no tomar algún tipo de alimentos (veganos), y en el popurrí, incluía a niños de corta edad, a diabéticos, a alérgicos y un no corto etcétera. Y venía a decir que el que tenga un niño celiaco que se las busque como pueda, y que la administración es estúpida por querer satisfacer a esas minorías, porque como a todas no se las puede atender, ¿por qué hacer esa distinción?

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